Investigan si la muerte de un joven por una caída en Uribitarte fue provocada

Es lo que tiene ser Vigilantes de Seguridad


rnaud Briand, natural de Carthaix, localidad de la Bretaña francesa cercana a Brest, tenía sólo 24 años. «No sabemos por qué se ha caído, si fue un accidente o le empujaron después de una pelea». Uno de los miembros de la investigación abierta ayer tras el hallazgo del cadáver de un joven de nacionalidad gala en la zona de Uribitarte, debajo de las torres de Isozaki, apuntaba así las claves del caso.

Los vigilantes de seguridad de los rascacielos encontraron el cuerpo a las seis de la mañana en una de sus rondas nocturnas. «Nada más verlo llamamos a la Policía, estaba fuera de nuestra zona de control. Empezaba ya a salir el sol y no habíamos escuchado nada raro», explicaba a este periódico uno de los dos empleados que hallaron el cadáver.
Estaba tumbado «de cúbito prono» (con el pecho contra el suelo) en la calle Uribitarte, al pie de las escaleras que conectan la pasarela Zubi-Zuri sobre la ría con la calle Mazarredo. Los vigilantes habían pasado por allí justo una hora antes y no habían visto nada, así que la muerte debió de producirse en ese intervalo de tiempo.
En apariencia, el chico se había precipitado desde una balconada situada en los bajos de las torres de Isozaki, concretamente en la plaza de la Convivencia, situada a unos seis metros de altura. Según desvelaría después la autopsia, la muerte fue provocada por «lesiones compatibles con la precipitación», indicaron fuentes judiciales.
Sin embargo, varios indicios despertaron en la Ertzaintza «cierta sospecha de criminalidad». Sus gafas habían quedado en el mirador desde el que cayó y estaban rotas. También había unas monedas sueltas y cristales de algún botellín. Algunas fuentes indicaban que se había encontrado también un talonario de cheques. El escenario estaba revuelto, signo de que por allí habían pasado más personas que la propia víctima; no podía descartarse que se hubiera producido un forcejeo.
En el cuerpo, los bolsillos del pantalón estaban sacados hacia fuera, como si alguien hubiera rebuscado en ellos, y le faltaba la cartera, aunque el hurto también pudo producirse después de la muerte. Curiosamente, lo que sí apareció junto al cadáver fue su documento de identidad.
Sin señales de lucha
La necropsia reveló que en el cadáver no había señales de lucha ni de defensa, ni heridas por golpes, lo que descartaba un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, aunque no el homicidio: alguien pudo haberle empujado. «Las claves del caso se encuentran fuera del cuerpo, en el escenario», resumía un miembro del equipo investigador. El resultado de los análisis sobre la posible ingesta de alcohol o drogas podrían resultar determinantes para explicar la caída.
Dos agentes de la Policía Científica de la Ertzaintza emplearon varias horas en recoger evidencias en el lugar y en tomar huellas digitales que habían quedado impregnadas tanto en una puerta metálica como en las planchas de titanio de la pared.
En el recoveco en el que supuestamente estuvo el joven antes de morir suelen pernoctar dos 'sin techo', según explicaron varios trabajadores de la obra. Unos cartones en el suelo para dormir y una botella de agua mineral, que fueron requisadas por la Ertzaintza para su posterior estudio, daban muestra de ello.
El suceso conmocionó a los vecinos de la zona, algunos de los cuales confesaron sentirse intranquilos por la falta de seguridad. El pasado mes de junio, una joven fue agredida sexualmente en la misma plaza. «Me da respeto pasar por aquí después de las nueve de la noche», admitía una mujer residente en el Campo Volantín.

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