«Hay compañeros que abusan de su fuerza y dejan mucho que desear»
Es lo que tiene ser Vigilantes de Seguridad«Chico joven ofrece sus servicios como controlador de accesos. Tengo varios años de experiencia. 1,80 de estatura, buena relación con el público, manejo de Oficce, 3 años como universitario, buena presencia y muchas ganas de trabajar. Tengo cómo transportarme y buenas referencias». Éste es el anuncio que Fernando Aponte colocó en una página web de ofertas y demandas de empleo. Ha trabajado siempre con uniforme y casi siempre con una sonrisa en la boca.
«Ser amable es fundamental. Somos la primera imagen que se encuentra el cliente. Y cuando la cosa se pone fea o se escapa de tu control, hay que avisar inmediatamente a la policía». Esos son dos principios básicos para Fernando a la hora de trabajar «como controlador de accesos. Lo de portero no me gusta tanto».
Este inmigrante boliviano llegó a España hace cinco años y entró en el mundo de la seguridad privada «para ganarme un sobresueldo. Trabajaba en la construcción y un amigo me comentó que una empresa necesitaba personal de seguridad para varios eventos. Yo no me lo pensé. Han sido tres años en los que mi trabajo me ha gustado mucho. He estado en la puerta de varios bares, en la Nave de Puente Tocinos y en cinco o seis conciertos». Pero la empresa en la que Fernando trabajaba comenzó a notar los efectos de la crisis y tuvo que prescindir de varios empleados con contrato temporal, como él. Ahora busca trabajo para sacar a su familia adelante. Y aunque ofrece sus servicios como controlador de acceso, «me lo pensaría dos veces si es una discoteca la que me quiere contratar». Fernando sabe a lo que se expone un portero de discoteca: «puedes recibir un navajazo o un tiro en cualquier momento. Entonces, ¿quién me cubre? ¿Quién cubre a mis hijas?»
El momento más peliagudo al que se ha tenido que enfrentar Fernando sucedió la noche que La Quinta Estación dio un concierto en Totana. «Un chaval rompió una botella e intentó amenazarme con ella, pero por suerte llegaron el resto de compañeros y pudieron controlarle hasta que llegó la Policía. No quiero pensar lo que hubiera pasado si llego a estar solo». Afortunadamente, ni Fernando ni nadie de su antigua empresa, según cuenta, ha recibido denuncias por agresión. «Nunca me hizo falta emplear la fuerza. Intento ser amable con todo el mundo, aunque sé que hay compañeros de profesión que dejan mucho que desear, como también sé que hay situaciones complicadas. Pero he visto a muchos porteros que abusaban de su fuerza, y eso no se puede consentir. Por eso hace falta formación y un filtro. No todos pueden trabajar en esto, y estoy seguro de que el 30% de los vigilantes se quedarían fuera si tuvieran que pasar un test psicotécnico».
Fernando, que pesa la friolera de 125 kilos y que tiene un físico ideal para desempeñar tareas de seguridad, también hace referencia a las supuestas mafias que controlan el mundo de la seguridad en las discotecas. «Cuando trabajaba en esto, sí que había grupos que reclutaban a gente grande para este tipo de trabajos». Afortunadamente, a Fernando le gusta más el uniforme.
Fernando se siente cómodo con uniforme, siendo el encargado de la seguridad de un local, un edificio o una empresa. Pero no le han dejado recibir formación. «Fui a una empresa que ofrecía cursos para vigilantes, pero me dijeron que uno de los requisitos era tener la nacionalidad española. Al parecer, si no eres español, no puedes recibir cursos de formación, cuando muy probablemente yo sea mejor trabajador que muchos que ahora ejercen esta labor». Fernando espera encontrar trabajo pronto «y acabar la carrera de Ingeniería Civil que empecé en Bolivia». Mientras tanto, toca sobrevivir.




0 comentarios: