«El castigo a un maltratador no debe sustituirse por una terapia de rehabilitación»

Es lo que tiene ser Vigilantes de Seguridad

Mariola Serrano (Bilbao 1972), directora de la Oficina de Atención a las Víctimas de la Violencia de Género del Gobierno Vasco, afirma que el maltratador debe saber que ninguna conducta violenta quedará impune. «Puede tener una consecuencia mayor o menor, pero nunca debe quedar sin castigo», dice. Asimismo, muestra sus reparos a las terapias rehabilitadoras como medidas sustitutivas de las condenas y anuncia «tolerancia cero» contra los agresores. Entiende también que desde la judicatura se ha realizado un esfuerzo muy importante para la prevención de este tipo de conductas.
- En Gipuzkoa se registran de media cuatro denuncias por maltrato al día. ¿Esto puede crecer todavía más?
- No sé si puede o no crecer. De cualquier manera, confío en que las medidas de sensibilización para prevenir y erradicar la violencia de género realmente funciones. Nuestro fin es que las denuncias disminuyan.
- ¿Por cuánto tiempo se puede soportar este crecimiento?
- No podemos hablar de límites. Esperemos que se reduzca. Se están haciendo muchas cosas para que así sea.
- ¿De qué valen tantas campañas de sensibilización?
- Quiero creer que la ciudadanía está concienciándose y que, realmente, se está dando cuenta de la gravedad del problema. ¿Que sigue habiendo violencia? Es cierto. Con las campañas, lo que intentamos, por un lado, es que las mujeres que sufren esta situación no tengan que soportar esas conductas, sino que se animen a denunciarlas. Esto, lógicamente hace que se interpongan más denuncias, pero no significa que haya más que antes. Lo que ocurre es que se hacen más visibles, y sólo si es así podemos actuar y establecer medidas de protección y, en definitiva, ayudar a la mujer a salir de esa situación en la que nunca debía haber estado.
- ¿Cree que todavía hay muchas mujeres maltratadas que no se atreven a denunciar?
- Por supuesto. Y no lo hacen porque tienen miedo al agresor. Estamos hablando, en muchos casos, de situaciones de peligrosidad. Por ello, denunciar un maltrato no es un camino de rosas. Todo lo contrario, resulta muy difícil ya que, en muchos casos, a partir de ese momento la víctima va a iniciar una vida en soledad, a veces sin ayuda familiar, sin recursos económicos, con una medida de protección y riesgo. La mujer tiene que conocer qué supone la interposición de la denuncia y tiene que estar preparada. Por ello, hay ocasiones en las que la mujer tarda en acudir al juzgado o a la Policía.
- ¿Quién va a ayudar a esta mujer que se decide a dar el paso para emprender ese camino poco menos que tortuoso?
- Hay muchos agentes implicados y muchas personas que día a día trabajan para ayudar a estas mujeres, Incluso antes de que interpongan la denuncia. En ese aspecto tienen una labor muy importante los servicios sociales de base, tanto de los ayuntamientos como de las diputaciones, que son los que conocen las situaciones de maltrato. También tienen una actuación relevante las asociaciones que día a día atienden a estas personas. No hemos olvidar tampoco a las fuerzas de seguridad, Ertzaintza y policías locales, que también orientan a la mujer que acude a sus dependencias y, además, se van a ocupar de proporcionarle seguridad. Luego hay administraciones que trabajamos a otro nivel para intentar erradicar ese tipo de violencia, para solucionar los problemas que se puedan plantear en la base.
- ¿Y qué es lo que va a hacer su Dirección?
- Tenemos tres ejes de actuación: por un lado atender a quien precisamente atiende a las víctimas, desarrollar acciones de sensibilización, prevención e investigación así como impulsar la coordinación a nivel interinstitucional. Y hay otro aspecto que consideramos importante. Vamos a trabajar para que la atención sea igual para todas las víctimas de la violencia de género, para aquellas que han sufrido violencia por el hecho de ser mujer. Hemos avanzado mucho en cuanto a la atención que se presta a las víctimas de sus parejas o ex parejas, pero hay otras que soportan agresiones en el ámbito intrafamiliar o que han sufrido delitos contra la libertad sexual o de trato. Tenemos que examinar los recursos que tenemos para atender a estas mujeres y cuáles son sus necesidades.
- ¿Qué es lo más urgente que necesita una mujer maltratada?
- Son muchas las necesidades que tiene. Para algunas, lo más urgente es esconderse. Están en una situación de peligrosidad tal que necesitan ir a pisos de acogida. Precisan protección policial, una medida de seguridad. Al mismo tiempo, requieren de una atención psicológica y de una orientación jurídica. Y, por supuesto, precisan de una ayuda económica para salir de esa situación e incluso una vivienda.
- ¿Ha establecido ya contacto con asociaciones de mujeres maltratadas?
- Hemos hablado con todas o casi todas para saber cuáles son sus necesidades y problemas.
- ¿Qué mensaje le han transmitido?
- Les parece importante que exista una dirección que se dedique en exclusiva a la violencia de género. No porque antes hubiera desatención, sino porque vamos a optimizar los recursos y ofreceremos apoyo presupuestario y personal. Vamos a poner a más gente a trabajar en la solución del problema de la atención a la víctima.
- Algunas asociaciones han criticado la forma en la que se asignan o deniegan escoltas y, en concreto, tildan de inadecuado que se efectúe a través de un test.
- En la Ertzaintza se ha hecho un esfuerzo muy importante en la atención a las víctimas de la violencia de género. Existe un proceso de actuación muy trabajado. A la hora de asignar la medida de seguridad se utiliza un instrumento de valoración del riesgo. Se entiende que la medida que se tiene que adoptar ha de combinar aspectos subjetivos y objetivos. Unos no son exclusivos de otros. El test da a la Er-tzaintza una orientación sobre el nivel del riesgo en el que se encuentra la mujer e indica cuál es la medida que se puede implantar. Ese test se combina con otros aspectos subjetivos que la propia víctima reclama y la percepción que sobre el caso tiene la Ertzaintza. No obstante, una de nuestras primeras actuaciones ha sido someter a revisión ese instrumento de medición y valoración del riesgo. Ahora estamos en el proceso de mejora y confiamos en que esté concluido en diciembre.
- Dijo usted que había dieciocho mujeres escoltadas y 200 con móviles. Son cifras escandalosas.
- Los datos ponen de relieve la magnitud del problema. No sólo hay muchas mujeres que interponen denuncias, sino que, además, se ha detectado que están en una situación de riesgo. La sociedad debe recapacitar sobre el elevado número de mujeres que están en peligro.
- ¿No sería más normal que ese individuo que pone en riesgo la vida de otra persona estuviese privado de libertad?
- Los autores de conductas violentas de cierta gravedad deben estar en prisión. Ahí tenemos que combinar medidas penales y criterios judiciales. De cualquier manera, no es justo que la medida de protección y seguridad tenga que recaer sobre la víctima. Tenemos que buscar que sea el maltratador quien acarree con las consecuencias de su propia conducta. Sin embargo, hasta que no consigamos equilibrar esa situación, lo que nosotros vamos a hacer es proteger a la víctima.
- Tal vez debería usted también hablar con los jueces.
- Desde la judicatura se ha realizado un esfuerzo muy importante para la prevención de este tipo de conductas. El ejemplo más evidente es que hay unos juzgados exclusivos de violencia contra la mujer.
-¿Puede que la levedad de muchas condenas contribuya a que el maltratador reincida?
- El maltratador debe saber que ninguna conducta violenta se queda impune. Puede tener una consecuencia mayor o menor, pero nunca debe quedar sin castigo. El problema es todavía más grave. La mayoría de los agresores cree que lo que hace está bien. Ellos ejercen un control sobre las mujeres y creen que ese control es el eje sobre el gira su propia existencia.
- ¿Le parece que son pocos los agresores que ingresan en prisión?
- No hemos efectuado un estudio específico sobre este aspecto. Por ello, sería imprudente responder a esa pregunta.
- ¿Qué opinión tiene de las terapias para maltratadores.
- Nunca debemos sustituir el castigo de la conducta violenta por una terapia. No podríamos comprobar al cien por cien si el acceso del maltratador a la terapia es porque realmente quiere ser reeducado o lo que pretende es no ser castigado. Si se considera que una parte de los maltratadores pueden ser reeducados, la terapia tendría que ser adicional a su castigo, nunca sustitutivo.
- Cuando afirma que habrá tolerancia cero contra el agresor, ¿qué quiere decir?
- Que debemos ser conscientes de la magnitud del problema y que debemos mostrar nuestro rechazo más absoluto. Nunca debemos quedarnos impasibles. Si tenemos que ayudar lo haremos, y si sospechamos que en el piso de arriba o a veinte metros se está dando una conducta violenta, debemos denunciar esa situación para ayudar a la víctima.
 
http://www.diariovasco.com/20091115/al-dia-sociedad/castigo-maltratador-debe-sustituirse-20091115.html

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