900 días y 900 noches de farsa

Es lo que tiene ser Vigilantes de Seguridad

A su hijo apenas le dejó vivir diez días en Menorca, pero ella siguió llevando una vida ‘normal' desde principios del mes de julio de 2008 hasta la semana pasada, cuando la Policía irrumpió en su casa para poner punto y final a la farsa.
Durante estos dos años largos, mientras vivía y trabajaba a pocos kilómetros del lugar donde dejó la maleta con el cadáver de César, Mónica Juanatey («Muki Pumuki» para su ex compañeras de Macxipà) no se prodigó en sus relaciones personales más allá de lo estrictamente necesario; aún así, si en algo coinciden sus vecinos de Maó y de Son Vilar (donde figura empadronada desde octubre de 2008 hasta abril de 2010) es en su carácter reservado y en la suciedad y las molestias que originaba el perro que tenían con su pareja, un hecho que contrasta con el empleo de limpiadora que desempeñó para el Grupo Eulen en un concesionario de Maó.

Este lunes, lo actuales inquilinos de la casa de la calle Tropical donde residió en Son Vilar (Es Castell) relataron que los vecinos de al lado habían tenido algún problema con la asesina confesa y su pareja debido a la suciedad que había en su patio, a los ladridos de los perros y al fuerte olor. Poco después de abandonar la vivienda, Juanatey y su compañero volvieron para reclamar una paella que ni los actuales inquilinos usaban al estar ya muy deteriorada.
Vida «normal»Al mismo tiempo que se empadronaba en el Ajuntament de Es Castell, en octubre de 2008, Juanatey empezaba a trabajar en la panadería Macxipà de Sant Lluís, empresa para la que también trabajó en los locales de la Esplanada y la calle Nou de Maó. Además de panadera, también ejerció de limpiadora del Grupo Eulen en un concesionario de Maó y como vigilante de seguridad en el Aeropuerto. Todos estos trabajos y las limitadas relaciones personales que entablaba en ellos los compaginaba con su macabro secreto, el mismo que escondía, día sí, día también, a sus familiares en Galicia. Y logró pasar más o menos desapercibida, sin levantar sospecha alguna en el concesionario donde limpiaba o de cara al público en la panadería. Engañó a su pareja, según ha declarado éste, asegurándole que era su sobrino y que, tras diez días de visita en la Isla, había vuelto con su familia. En abril de 2010 se decidió, junto a su novio, con el que pretendía iniciar una nueva vida tras conocerle por internet, a abandonar la casa de la calle Tropical de Son Vilar e instalarse en la calle Sant Llorenç de Maó. Allí siguió manteniendo su farsa, su vida inventada de mujer sin cargas familiares, hasta el día en que fue detenida. Se cumplían casi 900 días y otras tantas noches tratando de ignorar la maleta abandonada en el bosque de Binidalí.

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