EL mal tiempo y la lluvia fueron ayer dos de los protagonistas de la fiesta por excelencia del agro vasco. La feria de Santo Tomás vio mermado el número de visitantes que se acercaron a El Arenal bilbaino para disfrutar de los mejores artículos de la tierra. Una mala noticia para productores y amigos de lo ajeno que aprovechan grandes eventos como el mercado de Santo Tomás para hacer su particular agosto.
No fue el caso de ayer. La feria fue tranquila y segura, sin altercados ni incidentes de gravedad. De ello se encargó la Policía Municipal que, tanto uniformados como de paisano, patrulló de nueve a nueve por el recinto ferial para garantizar la seguridad de los ciudadanos.
A pesar de ello, no todos los hurtos se pueden evitar. De este modo, la unidad móvil instalada, a modo de prueba piloto, por la policía en el recinto ferial gestionó hasta las siete de la tarde un total de 10 denuncias por pérdida o hurto de carteras. "La oficina móvil es mucho más cercana, los ciudadanos están muy contentos por nuestra presencia. Seguramente, se volverá a instalar en otros eventos", afirma Manu, agente primero de la unidad móvil.
Debido a la climatología, la 63 edición de la feria de Santo Tomás no sufrió excesivas aglomeraciones, si acaso alguna pequeña oleada de visitantes a la hora de comer. La falta de multitudes complicó el trabajo de los carteristas quienes aprovechan estas ocasiones para hacerse con su botín. El perfil de las víctimas suele ser el mismo. "La mayoría son hurtos al descuido en bolsos y carteras y las víctimas son personas mayores o jóvenes a los que les roban el móvil o la cámara", explica Manu. De las cuatro denuncias gestionadas en la mañana de ayer por la oficina móvil tres fueron robos al descuido a mujeres. El cuarto robo lo sufrió una joven a la que le arrebataron la cámara digital de sus manos mientras hacía una foto, "dos chicos le quitaron la cámara y salieron corriendo, la chica no puedo ni reaccionar", narra uno de los agente de la unidad.
AGENTES DE PAISANO "Por la mañana el ambiente es más sano, más clásico, con personas mayores comprando. Por la tarde hay más juventud. Se agradece que el día esté tranquilo, por ahora la gente está muy entera", opina Javi, uno de los agentes de paisano con los que DEIA tuvo la posibilidad de patrullar en el mercado de Santo Tomás.
El modus operandi de los carteristas y raterillos suele repetirse. "A los buenos hay que pillarlos cuando están encima de alguien, pero con las aglomeraciones es difícil diferenciar si se trata de un intento de robo o es que se arriman porque hay mucha gente", explica Javi. Por eso, los agentes deben estar muy atentos. "Sobre todo hay que fijarse en las mujeres porque es más fácil que los cacos se lleven la cartera del bolso que del bolsillo de un pantalón", comenta Charlie, otro de los policías de incógnito.
La labor de los agentes, tanto uniformados como de paisano, es disuadir a los carteristas, evitar posibles robos y mantener la seguridad en la zona. Para ello, recorren el recinto ferial y se mezclan con el gentío atentos a cada detalle, observando cada movimiento, cada gesto, porque cada actitud puede resultar sospechosa. "Vamos donde hay más personas, nos fijamos en la forma de moverse de la gente y si vemos algo que nos llame la atención o algún habitual le seguimos hasta que le pillamos o hasta que se va de la zona", señala Charlie. "Aunque el mejor policía para evitar un robo es la precaución de uno mismo o los amigos que nos pueden alertar", dice el agente vestido informal para pasar desapercibido.
Así, mientras recorren la Plaza Nueva observan a un joven. "¿Te has fijado Javi? En cuanto nos ha visto se ha dado la vuelta y ha salido corriendo", comenta el agente. Entonces empieza el seguimiento. El chico sabe moverse, hábil y rápido sortea a los transeúntes y pronto desaparece entre la multitud.